Seis décadas después de cambiar la historia de la música, Paul McCartney vuelve al lugar donde todo empezó.
Hay una calle en Liverpool que Paul McCartney sigue visitando cuando vuelve a casa, se llama Dungeon Lane y está cerca del que fue su primer hogar: bares con olor a humo, guitarras baratas en los escaparates, el sonido distante del río Mersey. Ese lugar, cargado de una vida anterior a la fama, da nombre a su decimoctavo álbum solista, The Boys of Dungeon Lane, un disco que el propio McCartney describe como «la historia antes de LA historia». A sus 83 años, uno de los compositores más influyentes del siglo XX ha decidido mirar hacia atrás con una franqueza que, según quienes lo rodean, no había mostrado antes en ningún disco.
El álbum, producido por Andrew Watt, quien también estuvo detrás del reciente One Hand Clapping, reúne 14 canciones que reconstruyen los años formativos de McCartney en el Liverpool de la posguerra: su infancia en el barrio obrero de Speke, el sacrificio económico de sus padres Jim y Mary, y las primeras aventuras que compartió con George Harrison y John Lennon mucho antes de que cualquiera supiera sus nombres.
Los cimientos de «The Boys of Dungeon»
McCartney comenzó a trabajar en este material hace cinco años a partir de una sesión de intercambio de ideas con Andrew Watt, durante la cual surgió un acorde que, según sus propias palabras, nunca había creado ni escuchado en sus décadas como compositor. Ese hallazgo lo impulsó hacia un territorio musical más experimental y, al mismo tiempo, hacia una escritura más personal de lo habitual. La discográfica Universal describió el estado de ánimo del álbum como «sincero, vulnerable y profundamente reflexivo», términos que rara vez se aplican a un artista con la trayectoria de McCartney.

El primer adelanto llegó en marzo con «Days We Left Behind», una canción melancólica y minimalista cuya letra terminó dándole título al disco. «Pensé en los días que dejé atrás. A menudo me pregunto si solo estoy escribiendo sobre el pasado, pero luego pienso: ¿cómo se puede escribir sobre otra cosa?», compartió el músico en un comunicado. La canción alude directamente a su tiempo junto a Lennon.
Ringo, los padres y el barrio
Entre los momentos más significativos del álbum hay dos que merecen atención especial: «Home to Us» reúne a McCartney con Ringo Starr en una celebración de la amistad que, según las primeras descripciones, remite al sonido clásico de los Beatles sin intentar imitarlo. Es el único disco de McCartney en solitario donde Starr aparece como colaborador y esa presencia le da al álbum una dimensión emotiva y especial.
El otro momento es «Mamma Gets By», la canción que cierra el disco. Con un estribillo sencillo McCartney habla de su madre, de cómo trabajaba sin quejarse, de cómo lo cuidó, de las oportunidades que le abrió, esta es una de las piezas más íntimas de toda su discografía. Sus padres también aparecen en «Salesman Saint», donde el músico narra el sacrificio familiar frente a la dureza económica de la posguerra en Liverpool.
Poco antes del lanzamiento, McCartney se reunió con Paul Mescal, el actor elegido para interpretarlo en la próxima biopic sobre los Beatles, para hablar precisamente sobre este disco y sobre el proceso de escribir desde la memoria. «Cualquier historia o canción tiene que implicar la memoria», le dijo. Con The Boys of Dungeon Lane, él mismo lo demuestra.